Daga de esperanza.
Con una daga cargada de esperanza sumé el valor de aquellos días difíciles, los pies sobre las colinas del azar y los brazos temblando como imbéciles. Lancé al precipicio un grito seco para armar de ímpetu mi determinación. Creé sombras con la arena bajo mis pies como acompañantes de mi espeso paseo. Precipitado como el logo de Michael Jordan, hacia abajo el balón era la daga de mi alma, con fuerza e inercia temblaba de velocidad, encaraba en horizontal el fondo con ferocidad. La oscuridad de la profundidad, allí estaban, tumbados, acompañantes pasados y pesados se agarraban de las manos, formando mis heridas. Caí, maté a mis demonios, y los quería.
