Asalto a la nada.
Suena la percusión de un pálpito ronco, respirando como un tambor de guerra roto, haciendo bailar las sombras enquistadas en el campo de lucha eterno de mis batallas. Cada paso al ritmo de chasquidos de madera se ata con raíces tiritantes que causan cojera, mientras gritos sincopados acompañan la marcha secos y forzados, fieles a una identidad que narran. Una orquesta de guerreros caídos, enfurecidos, encorvados y jorobados a punto de ser abatidos, llenos de lágrimas, con valor, hablan sus miradas víctimas de un paisaje aterrador que no imaginaban. Como águilas reales se precipitan a carcajadas, de golpes de rastrillo a volar alto sobre pisadas, a nadar sobre recuerdos de aguas contaminadas, a ser valientes salvadores de su alma renovada.
