Si esas púas de los pies me hablasen,
me dirían:
Pisa más fuerte cobarde,
suda y sangra el alivio,
avanza, ten hoyos de dureza.
Caminar podría ser acariciar la suavidad
de las lágrimas rojas de nuestras pisadas,
para encontrarse durmiendo en la claridad
de lo rápido que hemos ido hasta mirarla.
Si hoyos rizados del suelo me gritasen,
me ensordecerían:
Caíste, tantas
veces, caíste,
pinchaste, tantas
veces, pinchaste.
Descansar.
Podría ser sonreír en reposo
por los pinchazos,
se fueron los pasos,
con ecos de sonidos hermosos.
Toqué con los pies.